7.2 Sistemas de fijación biológica
de nitrógeno
La capacidad de fijación biológica de nitrógeno atmosférico (N2)
está limitada a organismos con estructura celular procariótica, es decir,
bacterias y algas verde azuladas (Cianobacteria). De acuerdo al actual
conocimiento, algunas especies en 11 de las 47 familias bacterianas y algunas
especies en las ocho familias de Cianobacteria son diazotrofas, i.e., capaces
de fijar N2. Agrícolamente la fijación significante de N2 es llevada a cabo por Eubacteria, muchas de las cuales son heterotróficas,
dependiendo del suministro de carbono reducido (e.g., Azospirillum). Otras son autotróficas y capaces de reducir CO2 (e.g., Anabaena). Son particular
importancia un número de especies del género Frankia (Talobacteria), Nostoc y Anabaena (Cianobacteria) y rizobios
(Protobacteria) debido a sus capacidades simbióticas. En base a sus propias
tasas de crecimiento, existen dos notable grupos de rizobios, los de rápido
crecimiento del genero Rhizobium y
los de lento crecimiento del genero Bradyrhizobium.
Pueden diferenciarse en
ecosistemas terrestres tres principales estrategias de fijación de N2,
organismos fijadores de nitrógeno simbióticos, asociados y de vida libre,
difiriendo en ambos la fuente energética y la capacidad de fijación (Fig. 7.1).
En promedio, los sistemas simbióticos tienen la mayor capacidad de fijación ya
que la planta no solo suministra energía en forma de carbohidratos, sino que también
se optimizan otras condiciones (e.g., exportación del N reducido) para la
fijación eficiente de N2 (Sección 7.4). En este sistema las plantas
se benefician directamente ya que más del 90% del nitrógeno fijado es
translocado rápidamente desde las bacterias hacia las plantas. Las leguminosas
noduladas, como alfalfa y soya, en simbiosis con Rhizobium y Bradyrhizobium están entre los más destacados sistemas fijadores de N2 en la
agricultura. Están atrayendo la atención en lo agroforestal árboles leguminosos
como el Leucaena leucocephala. En ecosistemas forestales y selváticos, sin embargo,
la mayor entrada nitrógeno a partir de fijación biológica de N2 es proporcionada
por sistemas simbióticos con no leguminosas noduladas entre Actinomycetes (genero Frankia) y especies perennes, por
ejemplo del genero Alnus y Casuarina.
Fig. 7.1 Tipo, fuente de
energía, y capacidades de los sistemas de fijación biológica de N2 en
suelo. (Cortesía de K. Isermann; modificado.)
Algunos sistemas
fijadores de N2 con alta especificidad huésped–bacteria no
desarrollan nódulos. El hábitat de estas bacterias es la superficie radical y
los espacios intercelulares de las células corticales. En estas asociaciones rizosféricas (Fig. 7.1) la
planta huésped proporciona exudados radicales como fuente energética para la
fijación de N2. Sin embargo, es principalmente indirecto el
beneficio para la planta por este tipo de fijación de N2, aproximadamente
un 90% del nitrógeno fijado solo se vuelve disponible para la planta después de
la muerte de la bacteria.
Las bacterias del suelo
de vida libre fijadoras de N2 son frecuentemente heterotróficas (e.g., Azotobacter) y de este modo
frecuentemente están limitadas por el sustrato en su capacidad de fijación de N2 debido a la inadecuada disponibilidad de residuos orgánicos (Fig. 7.1). Como
resultado, es baja su contribución a la fijación de nitrógeno en ecosistemas
terrestres, a menos que las bacterias sean autotróficas de carbono, como las
cianobacterias como Anabaena.
En promedio la
contribución relativa de los sistemas simbióticos, asociativos, y de vida libre
fijadores de N2 es del orden del 70% para simbióticos y 30% para no
simbióticos. Los últimos incluyen la fijación de N2 en la filosfera de árboles forestales
(Sección 7.6).