Factores químicos del suelo como el pH,
salinidad, y disponibilidad de nutrientes determinan la distribución de la
vegetación natural, i.e., de plantas silvestres. Las especies y ecotipos pueden
ser clasificados en términos ecofisiológicos de acuerdo a su distribución en
los suelos. Algunos ejemplos de las especies agrupadas en este modo son las
acidófobas y acidófilas; calcífugas y calcícolas; halófitas y glicófitas; y
metalófitas (adaptadas a suelos metalíferos). Se ha publicado revisiones sobre
los aspectos ecofisiológicos de las
respuestas vegetales, especialmente de la vegetación natural; al pH del suelo,
salinidad, metales pesados, y disponibilidad de nutrientes minerales.
Las especies de cultivo que son
usualmente seleccionadas para alta fertilidad del suelo y por sus
características nutricionales pueden ser bastante diferentes de aquellas de la
vegetación natural que crecen en suelos de baja fertilidad, i.e., terrenos
pobres en nutrientes. Pero también dentro de la vegetación natural hay especies
adaptadas a suelos con alta fertilidad (especies ruderales) y con sus
correspondientes similaridades en sus características nutriciones a las
especies de cultivo (Tabla 16.1).
Tabla 16.1
Características de las
estrategias de plantas silvestres para la adaptación a suelos con baja ó alta
disponibilidad de nutrientes a
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Disponibilidad de Nutrientes
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Tipo I (productoras lentas)
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Tipo II (especies ruderales)
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Baja
(terrenos pobres
en nutrientes)
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Bajas tasas de toma de
nutrientes
Bajas tasas de crecimiento radical
y caulinar
Alta relación raíz/vástago
Alta longevidad foliar
Altas concentraciones de
nutrientes en el tejido
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Bajas tasas de crecimiento
Bajo almacenamiento de
nutrientes
Alta relación raíz/vástago
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Alta
(terrenos ricos en
nutrientes)
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Bajo crecimiento respuesta radical y caulinar
Alto almacenamiento de
nutrientes (consumo de lujo)
Baja eficiencia en el uso de
nutrientes
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Altas tasas de toma de
nutrientes
Alta tasa de crecimiento
Alta eficiencia en el uso de
nutrientes
Disminución en la relación
raíz/vástago
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a En base a Chapin
(1980, 1988)
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Las plantas silvestres adaptadas a
terrenos pobres en nutrientes (Tipo I, productoras lentas) tienen
consistentemente altas relaciones raíz/vástago. Sin embargo, con la excepción
de algunas plantas especializadas (e.g., Proteaceae, Sección 15.4.2) ellas no
son más eficientes en la adquisición de nutrientes que las especies ruderales
(Tipo II) ó las especies de cultivo. La característica más notable de las
plantas Tipo I es su baja tasa de crecimiento potencial máximo. Ellas crecen
lentamente aún a altos suministros de nutrientes, pero almacenan más nutrientes
que pueden ser utilizados cuando el suministro sea limitado (consumo de lujo en
periodos de alta disponibilidad de nutrientes). Las plantas adaptadas a altas
altitudes son también plantas del Tipo I. En contraste, en plantas de Tipo II
la tasa de crecimiento es en gran parte reducida en periodos de suministro
limitado y pueden desarrollarse síntomas visuales de deficiencia. Estas plantas
responden rápidamente al alto suministro de nutrientes mediante tasas
incrementadas de crecimiento particularmente de los vástagos. De las especies
silvestres
Las plantas de Tipo I usualmente
tienen mayores concentraciones de nutrientes en su materia seca y de este modo,
baja eficiencia en el uso de nutrientes (materia seca producida por unidad
nutriente en la materia seca) ya que en estas especies el almacenamiento de
nutrientes es de clave importancia para la sobrevivencia y reproducción. Esta
estrategia de las plantas silvestres es aún retenida en ciertas especies
tropicales de cultivo de raíz, donde a pesar de las grandes diferencias en el rendimiento ocasionadas por la variación
en la acidez del suelo (Sección 16.3.6) el contenido de elementos minerales de
las hojas permanece casi igual. Se encuentran en ciertas plantas Tipo I
semillas grandes con su correspondientemente mayor almacenamiento de nutrientes
para el establecimiento en terrenos pobres de nutrientes (i.e., Proteaceae).
En la adaptación a ecosistemas de
clima frío limitados en nitrógeno se han desarrollado estrategias para utilizar
el nitrógeno orgánico del suelo, cualquiera por hidrólisis de proteínas en
forestales ectomicorrícicos (Sección 15.7.2) ó por la toma preferencial de aminoácidos como en el caso del no
micorrícico Eriophorum vaginatum. En
su ambiente natural por lo menos el 60% del nitrógeno demandado por esta juncia
puede ser satisfecho mediante la toma de aminoácidos. Esta adaptación también
se reflejó en la mucha mayor producción de biomasa cuando se suministraron
aminoácidos en vez de nitrógeno inorgánico como fuente de nitrógeno (Tabla
16.2), Esto contrasta con el comportamiento de la cebada como una típica
especie adaptada a terrenos ricos en nutrientes.
Tabla 16.2
Producción de biomasa de Eriophorum vaginatum y Hordeum vulgare suplidos con
diferentes formas de nitrógeno en cultivo en solución nutritiva a
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Producción de Biomasa (mg.
por planta)
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Forma de Nitrógeno
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Eriophorum
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Hordeum
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– N
Nitrato
Amonio
Aminoácidos
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310
420
460
620
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80
240
240
150
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a En base a Chapin et al., (1993)
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Muchos ecosistemas naturales son
también limitados en fósforo. Aunque las micorrizas VA juegan un rol
particularmente importante en la adquisición del fósforo a bajos niveles del
fósforo en el suelo (Sección 1.5.7.1) no hay diferencias mayores entre las
especies silvestres y sus relacionadas especies de cultivo en la dependencia a
las VAM para la adquisición de fósforo. La mucha mayor eficiencia de fósforo en
la avena silvestre (Avena fatua L.)
comparando con la avena cultivada (Avena
sativa L.) es causada por la mayor masa radical, mayores tasas de toma
ambos a bajo y alto suministro de fósforo, y también por una mayor eficiencia
en el uso caulinar del fósforo. Comparando con las plantas Tipo I, en las
plantas silvestres con tasas de crecimiento potencial altas (Tipo II) no solo
las tasas de toma y utilización de nutrientes son mayores sino también los
costos respiratorios específicos para la toma de nutrientes son menores.